entre besos anda el juego

A: hola.
B: perdón, ¿es a mí?
A: sí. Hola.
B: hola.

Silencio, A sonríe, B mira extrañado.

A: hola...
B: eso ya lo has dicho.
A: sí.
B: pues hola.

Silencio. A es una mujer, B un hombre, A es más joven, B más viejo.

A: ¿te puedo besar?
B: ¿cómo?
A: te quiero besar.
B: oh...
A: sí, oh... ¿puedo?
B: ¿aquí?
A: sí.
B: no sé, no sé si me parece un buen sitio.

Se abre campo, vemos que están en un andén de metro, vacío.

A: no hay nadie.
B: no, bueno, sí, nosotros.
A: claro, nosotros... Qué bonito....
B: ¿el qué?
A: cuando has dicho nosotros. Ni siquiera te he besado, y ya existe un nosotros.
B: eh...
A: te tomaba el pelo.
B: ¿con lo de besarme?
A: no, con lo de nosotros.
B: osea que quieres besarme sin que exista un nosotros.
A: quiero besarte, simplemente.
B: ¿por qué?
A: me gustan tus labios.
B: creo que eres la mujer más directa que he conocido nunca.
A: tendrías que conocer a mi hermana.
B: ¿por?
A: ella te habría dicho otra cosa.
B: ¿el qué?
A: imagínatelo.
B: ¿no podrías concretar un poco? tengo mucha imaginación.
A: quiero besar tu imaginación.
B: en esta vida me han besado muchas cosas pero nunca mi imaginación.
A: esto podría no ser real...
B: eso significaría que tengo más imaginación de la que merezco.
A: ¿tú crees?
B: sí.
A: todos los hombres que he conocido sólo se imaginan una cosa, y es lo que viene después de un beso con una desconocida en un lugar así.
B: igual no tengo tanta imaginación.
A: la tienes.
B: ¿cómo lo sabes?
A: llevo un rato observándote.
B: ¿a mí?
A: claro, no hay nadie más.
B: ¿eres una puta?
A: jajjajajaj... ¿por qué me preguntas eso?
B: por lo directa que eres.
A: ¿conoces muchas putas?
B: unas cuantas.
A: ¡¡conoces muchas putas!! ¿no te satisfacen las mujeres normales?
B: no, no es eso, no es lo que parece.
A: no soy una puta.
B: ¿de dónde has salido?
A: del banquito de ahí detrás. Estaba leyendo un libro aburridísimo, he alzado los ojos y te he visto.
B: me has visto, jajjaja... no me refería a ese “de dónde has salido”.
A: lo sé... sigo queriendo besarte.
B: no me beso con cualquiera.
A: conmigo no, pero con un millón de putas, sí. Está bien, te dejo pagarme. Si así consigo que me beses.
B: ¿cuándo llegue a casa me dejas escribir sobre esto?
A: qué chico tan educado.
B: gracias por lo de chico.
A: ¿qué edad tienes?
B: 45.
A: ¿45? Juas... nunca he besado a un chico tan mayor, me da morbo besarte, ahora al saber tu edad me da mucho más morbo, te veía más mayor que yo, pero no tanto. Déjame besarte.
B: ¿qué edad tienes?
A: ¿qué edad aparento?
B: ¿20?
A: casi...
B: ¿19?
A: sí.
B: podría ser tu padre.
A: podrías, pero no lo eres.
B: a no ser que seas fruto de mi imaginación, entonces sí que serías mi hija.
A: eso es justo lo que he visto en ti.
B: ¿el qué?
A: eres transparente para mí.
B: ¿transparente?
A: sí. Veo tus pensamientos.
B: quizás deba comer más, ¿qué era lo que impedía a Súperman ver a través de las cosas? .
A: quiero comerte la imaginación. La respuesta es plomo.
B: en mi vida me han comido muchas cosas pero nunca mi imaginación. ¿Plomo? Mejor me quedo transparente.
A: ¿me dejas?
B:¿ el que de todo?
A: todo.
B: no voy a pagarte.
A: no quiero tu dinero.
B: ¿sabes quién soy?
A: sí, un chico joven atrapado en la edad de un hombre mayor, quizás si me dejes besarte, vuelves a ser un chico.
B: me estás convenciendo.
A: lo sé.
B: ¿de dónde has salido?
A: del útero de mi madre.
B: como tu hermana.
A: sí, ella salió un minuto antes.
B: ¿gemelas?
A: sí.
B: necesito que luego me dejes escribir sobre esto.
A: puedes hacer lo que quieras, no tienes que pedirme permiso.
B: lo que quiera...
A: sí.
B: quiero follarte.

A se acerca a B, estaban a dos metros hablando inmóviles. Se acerca y le besa. Es un beso largo, apasionado. Dejan de besarse.

A: ha sido electrizante.
B: sí. Quiero más.
A: jajajjaja... no puede ser (jugando, sí que quiere).
B: ¿por qué no?
A: porque ni siquiera sé como te llamas.
B: puedes llamarme tormento.
A: ¿tormento? jajajjajaja
B: sí.
A: encantada, yo soy rayo, o quizás debería llamarme raya, soy una mujer....
B: y ahora que sabemos nuestros nombres...
A: está bien, accedo, pero quiero que sepas que creo adicción.
B: claro, con ese nombre, raya, no me extraña....

Se vuelven a besar. Con más pasión....

Nota de guión, si las películas porno tuviesen estos diálogos, te juro que me volvía cinéfilo de esa clase de cine.

el infierno de un ciclista

El 16 de mayo llegó el gran día y yo llegué con más dudas de las esperadas. Salimos a toda velocidad, 800 ciclistas pedaleando contra el viento, de los 800 ciclistas, yo iba con mi compañero Víctor. Dos valientes, dos inconscientes, dos almas pegadas a un sillín en busca de un poco de gloria.

Los primeros 20 kms, tienen de 5 a 10 repechos de uno a dos kms de duración, y aunque la carretera se empinase, nosotros íbamos siempre a la misma velocidad. Fugaces como esas estrellas que rara vez cruzan el cielo, y que cuando las ves pides un deseo, yo en esos segundos de la carrera pedía mi deseo particular, llegar vivo a meta. En ese tramo pasamos por varios grupos, unos parecían fórmulas uno, otros coches de feria, uno no sabía a que grupo cogerse porque cualquier grupo y su velocidad eran completamente subjetivas, puesto que estábamos al inicio de una aventura, y como en todos los inicios, la velocidad por la adrenalina puede resultar engañosa.

Entonces por fin llegamos a los primeros metros del primer puerto, nos metimos en un grupo bueno, algo lento para nuestro estado de forma, pero perfecto para preservar fuerzas, un poco de paz antes de la guerra. Esa paz, en el mundo ciclista puede significar la gloria de llegar a meta sano y cuerdo. De todos modos, cualquiera que esté dispuesto a recorrer 192 kms con 7 puertos de montaña y un millón de repechos en medio, no puede presumir de estar cuerdo, yo no lo estoy, del mismo modo que ninguno de esos 800 ciclistas, lo estaba. En esos metros del primer puerto tuve un par de momentos en los que pensé “vamos a terminar de pié la carrera” ¡qué equivocado estaba!

Víctor, mi compañero ciclista, tuvo un pinchazo y paramos los dos. Perdimos el grupo bueno, adiós mundo feliz. 10 minutos después estábamos los dos pedaleando casi al final de toda la larga serpiente de ciclistas diseminados, en solitario, adelantando a los demás a más velocidad que un rayo surca los cielos en un día de tormenta, y ahí se gestó mi debacle, al menos un parte, la parte importante, esa que dependía de mí. Pero prefería no pensar, prefería simplemente disfrutar del momento, bueno, breve, escaso, pero triunfal.

Yo llegué muy justo de fuerzas a la carrera como ha he dicho al principio, había entrenado duro pero no lo suficiente para la carrera. Pero en la bici, hay algo más importante que el estado físico, y es el estado mental, el mío simplemente no era sano, perdido en mis pensamientos desde hacía meses. Malhumorado. Derrotado antes de salir. Y esos 30 kms en solitario a toda velocidad y contra el viento, quemaron mis pocas reservas. Esos 30 kms fueron frenéticos. Fue lindo de verdad, pedalear con esa fuerza. Héroes anónimos. Los cementerios están llenos de gente así.
Subimos el segundo puerto a rueda de otro minigrupo, nos llevaron bien hasta la cima. En la cima había un avituallamiento, deseaba llegar para comerme dos bocadillos como otros años, el pan es mi camino contra la deshidratación, y deseaba comer pan, y si hubiese vino también, un Jesucristo cualquiera en mitad de un calvario infernal.. Mi estómago rugía de hambre. Me hubiese comido un cervatillo, o un enjambre de ardillas, o un pequeño jabalí, o un gran jabalí, tipo Obelix.
Pero cuando llegamos no había bocadillos, ni jabalíes, ni ciervos, sólo plátanos, y minitartas de manzana envueltas en plástico, odio la tarta de manzana, me da náuseas, con solo olerla.. En ese momento confirmé que no iba a ser un buen día. Llevábamos 67 kms, y necesitaba alimento, sí, llevaba geles, magnesio, y dos barritas energéticas pero necesitaba sólidos de verdad. No había. Bajamos ese segundo puerto a toda velocidad, y en un momento curveado se me metió una avispa en el casco, me quité el caso a más de 60 kms/h, y me quité la avispa. Por un momento me vino a la cabeza un hecho de mi pasado, el día que recogí mis notas de segundo de BUP. Fui en ciclomotor, y al llegar a casa, me pico una avispa en el entrecejo, me dio tal reacción alérgica, que minutos después, cuando llegó mi padre a casa, no me reconoció, pensó que un chino había entrado a robar en casa. Pero no era un chino, en todo caso era yo versión china. Cosas absurdas que se te pasan por la cabeza cuando bajas un puerto a más de 60 kms/h.
Llegamos al tercer puerto, el Remedio, el puerto más duro de la jornada, un puerto donde no corre la brisa, y donde el calor aprieta tus genitales contra el asfalto hirviente. Tiene tres kms centrales cuya media oscila el 11 por cien de desnivel medio, valga la redundancia. Decidí no apretar, reservar fuerzas, para eso puse la corona grande y apliqué la técnica del molinillo, pedalear mucho, avanzar poco, ahorro energético. Error grave, me hizo sudar el triple y terminar con todas mis pírricas reservas. Lo coroné con un ciclista anónimo que subía ese puerto por primera vez, estuvimos hablando, parecía un buen chico, mi compañero Víctor se había adelantado. Yo le dije a ese nuevo amigo, “vamos a llegar tarde a casa. Y mi mujer me ha dicho que si me esperaba para comer”, lo dije en tono sarcástico, igual ahora al leerlo, usted señor lector no tiene gracia, pero en esos momentos el ciclista anónimo se rió de lo lindo, es algo que me pasa a veces, en medio del sufrimiento, se me ocurren auténticas gilipolleces, por desgracia, o por suerte, yo no estoy casado, lo estuve, pero ya no lo estoy, y ninguna mujer me había dicho semejante cosa, pero mi intención no fue mentirle a ese ciclista, créanme, sólo hacerle reír un rato, y lo conseguí. Segundo moento de gloria de la carrera. Ya no hubo más.
Al llegar a la cima, antes, otros años, había un avituallamiento de sólidos, pero este año lo había retrasado hasta el km 110, llevábamos 90, y yo estaba seco. Víctor me había esperado en la cima. Comí mi primera barrita energética, me dieron arcadas, quería vomitar, pero sabía que no debía hacerlo, era un alimento, injusto, pero era un alimento. Bajamos el puerto, y empezamos a subir por un carretera en ínfimo estado, el asfalto era marrón y los agujeros eran tan grandes que un hobbit podría haber construido su casa allí mismo. Sólo podía pensar en comer, en llegar al nuevo avituallamiento y comer. En ese momento si en un lugar de un enjambre de ardillas fritas hubiese un enjambre de ratas fritas, también me las hubiese comido. Pedaleaba despacio porque sabía que las rampas y los calambres estaban llamando a las puertas de mis cuádriceps.
Y llamaron tanto y tan fuerte a mi puerta, que yo les dejé pasar, soy un chico educado, no iba a dejarles todo ese mediodía al sol, esperando, abrí la puerta, y se pusieron cómodos, se quitaron los zapatos, el abrigo y se estiraron sobre mis piernas. Y fue justo en ese instante donde empezó mi infierno, llevábamos 100 kms.
Con las rampas, con los calambres, uno no sabe que hacer, si poner más o menos desarrollo, yo puse poco desarrollo, miraba constantemente el cuentakilómetros, 101, 102, 103 kms. El viento empezó a soplar fuerte otra vez, en contra, siempre sopla en contra, nunca a favor, Eolo es mi enemigo, el Dios vengativo que odia a los que se visten de licra. Tenía un grupo de ciclistas delante mío, los veía, no iban rápido, los tenía casi al alcance de mi mano, casi los podía rozar con la yema de mios dedos, Víctor iba con ellos, pero cada segundo los tenía más lejos. Hasta perderlos de vista.
Llegué al avituallamiento. Grité “un jabalí, necesito un jabalí, aunque me conformo con un minibocadillo”, mi reino por un bocadillo. No había comida, se había terminado de nuevo. El odio y la rabia aparecieron por mi maltrecha salud mental, ¡bien! Pensamientos negativos, lo último que quería y deseaba. Pensé en abandonar, me quedaban 80 kms de carrera y 4 puertos por delante, pero yo nunca me rindo, nunca, soy de los que muere de pié, o en su caso, soy de los que muere sentado en un sillín. Y el próximo avituallamiento estaba en el kms 140. Me enfadé mucho con la organización, los conozco, son amigos, pero me estaban hundiendo un puñal en el pecho, y en la espalda, y lo que es peor, en el corazón y mi cabeza. El resto de ciclistas también estaban cabreados, aunque decir cabreados, es poco, escuché insultos de todo tipo.
Comí plátanos, eso sí, había plátanos, sodio en estado sólido, insuficiente para la zozobra que llevaba encima. No había más comida. Y empecé a subir el cuarto puerto, no era duro, es un puerto cabrón, muchas minirampas duras pero cortas alternadas con un montón de minidescensos. Las rampas (mis calambres) crecían. Empecé a coger a un ciclista en cada minidescenso, y él de nuevo me dejaba en cada miniascenso. La vida parecía un acordeón, un vals centro europeo en el levante español. Lo coronamos el cuarto puerto. Empecé a bajar, lo bajé a toda leche, más rápido que ningíun otro puerto que haya bajado en mi existencia. Cual contorsionista hacía equilibrios imposibles, realizando estiramientos encima de la bici, danzando sobre el asfalto, en un vals precioso y preciso. Me metí en el cuerpo la segunda de la barritas energéticas, la última que me quedaba, y me recuperé. Milagro, ¡me recuperé! ¡Dios existe! Momentáneamente preciso aclarar, esta no es una historia alegre, no lo pretende, así que querido lector, deja de sonreír.
En este tramo adelanté a un montón de grupos de ciclistas, moviendo desarrollo, mis piernas formaban un engranaje perfecto, un motor de 16 válvulas, arriba y abajo, pura clase ciclista, agazapado en el marco de la bici, sin mover nada exceptuando mis piernas. Fue mi mejor momento. Los arrasé a todos. Casi lo podría nombrar como mi tercer momento de gloria, no lo hago, porque esa fue mi tumba, de lo que vino después. Te puedes meter un buen chute que te haga bailar con las estrellas, pero sabes que ese chute, que su bajón, que su estúpida resac te va a dejar tumbado en un nicho de un cementerio mental. Llegué al nuevo avituallamiento, por fin había algo de comida. Mis reservas estaban agotadas, y la sal se acumulaba por kilos en mi cara, en mi maillot, en mis piernas y en mi pelo. Parecia que hubiese envejecido 1000 años en 30 minutos. En este avituallamiento, me reencontré con mi compañero Víctor. Se sorprendió de mi recuperación, las rampas (las mías) habían desaparecido, le dije que había rodado como un campeón. Soy rodador, no escalador. Quizás lo que le falla esta historia es que no había elegido la marcha ciclista adecuada, un rodador nato en una carrera de escaladores natos. Pero la épica poco entiende de razones, la épica es épica y sólo entiende de esfuerzos que mueren, esfuerzos anónimos que sepultan todas las miserias mentales que uno puede llegar a padecer.
Me subí de nuevo en la bici, quedaban 3 puertos de montaña enlazados, con apenas descensos. A los 200 metros de este nuevo puerto, el quinto, volvieron los calambres, le dije a mi compañero que se fuese, quedaban unos 50 kms.
Ahí empezó mi tortura china, miles de alfileres al rojo vivo clavándose en mis piernas a cada pedalada. Aflojé el ritmo, estaba bien de cardio y cansancio, pero padecía de mil calambres. Lo subí como pude, endolorido, al llegar a la cima, había dos kms de bajada y un nuevo puerto, más largo y traidor, con mil repechos, y ahí pensé en morir, el dolor en cada pedalada incrementaba, no fui el único, vi por los menos 40 ciclistas tirados en el suelo, haciendo estiramientos, yo no podía bajar ni siquiera bajar de la bici a hacer estiramientos, si bajaba sabía que difícilmente podría volver a subirlas rampas volverían con más intensidad, tanto que se me montaban los músculos del cuádriceps, lo veía en panavisión por debajo de mi cullot, era una imagen espeluznante, dantesco, primero fue en el cuádriceps de mi pierna derecha, pero hubo un momento que empezaron el mi pierna izquierda y en cada pedalada, iba a 10 kms por hora, una velocidad ridícula, así que daba dos pedaladas,y me podía de pie en la bici, haciendo estiramientos, y de nuevo dos pedaladas y me nuevo de pié, un bucle de estupidez perpétua.
Pensé en abandonar, pero como ya he escrito yo nunca abandono, nunca me rindo. Curiosamente estaba en el sexto puerto, ese puerto en el que meses antes había filmado el spot de esta misma carrera con un puñado de valientes ciclistas, que seguían plano a plano, a rajatabla el guión que yo había escrito, entonces la temperatura era de 8-10 grados, y ahora el termómetro de mi velocímetro marcaba 36. “Podría viajar en el tiempo y traer una bocanada de aire frío de este enero, de aquel rodaje, a este presente”. Gran pensamiento, sólo me hacía falta una máquina del tiempo. Más pensamientos estúpidos.
Seguía con hambre. Miraba los árboles a mi alrededor, me daban ganas de parar y empezar a mosdisquear cada tronco de árbol por encontrar algo de alimento, también me daban ganas de parar y empezar a comer hormigas, seguro que tenían las proteínas suficientes para ayudarme a finalizar mi esfuerzo. Hormigas y cortezas, deberían montar un bar donde vendiesen ese suculento plato, hormigas y cortezas de árbol. Entretenía a mi mente con ese estúpido juego mental para no pensar en nada más. Aunque sí pensaba en algo más. En una mujer, claro, en una mujer que estaba a más de 2500 kms, en el noreste de Alemania. Si moría en ese instante, no la volvería a ver jamás. Todas estas tonterías las pensaba mientras pedaleaba dos veces y me ponía de pie a la tercera para hacer estiramientos.
Llegué a la cima, había un nuevo avituallamiento. Busqué comida, no había, sólo agua, lloré de rabia. Me lleve el último botellín de agua.
Me subí de nuevo en la bici, con un último puerto por delante, ahí morí del todo, la persona que había sido hasta ese día, 16 de mayo de 2016, murió. He muerto varias veces en esta vida. Renaciendo en otra cosa. Nunca más nada volvería a ser lo mismo. Pensé en abandonar la bici para siempre. En no volver a montar nunca.
En la única pendiente dura de ese puerto, me crujieron las dos piernas al mismo tiempo y los brazos y el pecho. bajé de la bici y empecé a andar, parecía un pingüino en el Sáhara. Quedaban 3 kms para terminar el puerto y andar era peor que pedalear. Me subí de nuevo, el dolor era escalofriante, veía a mis músculos montarse uno encima del otro, en cada segundo, lo juro, no exagero, fue así... Llegué a la cima, con otro grupo que me había dado caza por detrás. Me puse a rueda y los seguí en un suave descenso hasta Requena, donde estaba la meta, en la última rampa dentro del Requena, los dejé ir, y llegué solo.
8 horas, 59 minutos y 50 segundos.
Un infierno.
¿En qué he fallado este año? En todo. ¿Volveré? Sí. Claro, no me queda otra, volveré con un arco y flechas por si no hay comida suficiente, y si es necesario me pondré a cazar, jabalíes, ardillas, ratas, cortezas de árbol y hormigas..
Han pasado 7 días. Y el tiempo parece que me ha devuelto la salud. La física, porque la mental la perdí.

Beso perfecto

El día amanece gris, el cielo plomizo y todas esas cosas tontas que uno o una dicen cuando la mente parece estar de resaca. Típicos tópicos de alguien que ve el mundo como un sitio que está a punto de ser olvidado, o quizás la que está a punto de ser olvidada sea yo.

Yo no vine a este país a hacer lo que estoy haciendo, ni a este país ni a este mundo. Pero es lo que me ha tocado hacer, es lo que sé hacer. Y según mi cuenta bancaria no me va tan mal la cosa. No obstante creo que la vida no se puede reducir a una cifra de números por muchos ceros finales que la adornen.

Me gusta la noche, en la noche todo se iguala, he visto a gente poderosa, he sentido la piel de gente poderosa sudar al igual que tú y que yo. He visto y sentido sus necesidades más primarias palpitando sobre la certeza de mi piel, su deseo quemando y tatuando a fuego en cada embestida. Y en la cama, en una cama, da igual que seas poderoso, banquero, peluquero, policía, periodista, retrasado mental, o un violador en potencia. Al menos en mi cama da igual. La jefa soy yo. La número uno soy yo.

Hago lo que hago porque para mí es fácil, es un don, mi don, soy capaz de hacer que surjan las estrellas y nebulosas más hermosas, soy capaz de hacer que las personas se enamoren y paguen lo que yo les diga cuando yo lo diga. Soy la mejor.

Tengo una cara bonita y un bonito cuerpo, eso por otro lado no es ningún mérito. Nací así. Quizás el único mérito haya sido nacer y permanecer el tiempo suficiente para descubrir mi poder.

Pienso en la noche, en la noche de ayer, estaba en mi zona como siempre, paseando, esperando como el cazador con mis ojos observando la jungla, aunque quizás decir jungla sea un término inexacto, la ciudad no tiene nada de jungla, se parece más a la sabana. Una sabana llena de animales, algunos peligrosos y otros muchos rumiantes, seres pasivos y casi inactivos.

Cada noche al salir de caza, pienso al principio en mis principios, en porque hago lo que hago, la mayoría de días no tengo demasiado tiempo para pensar porque los hombres se acercan antes que mis divagaciones vayan mucho más lejos de lo que podrían llegar. Pero anoche, el primer cliente llegó más tarde de lo esperado y mis pensamientos por primera vez se expandieron más lejos.

Y me acordé de ti.

No sé el tiempo que pasó, quizás una hora, quizás dos horas, a veces en la lucidez de un pensamiento una hora es un minuto y un segundo es un siglo, pero me acordé tan claramente de ti. De tus ojos, del sonido sinuoso de tu voz, del tacto de tus dedos... y te eché de menos con más fuerza que nunca, me maldije un millón de veces por haberme ido, por no haberte arrastrado conmigo. O quizás fuiste tú, quien se fue, sí, fuiste tú. Claro. Tú. Siempre, tú.

Mis ojos se humedecieron, primero llovió en mi alma y después en mis ojos, y me sentí como esa niña perdida que fui y tú encontraste. Cuando eso pasó, pusiste luz en mis días. No puedo no tener buenos recuerdos de ti. Es materialmente imposible. Y deseé irme a casa y escribirte hoy esta carta. Pensaba en decirte tantas cosas, tantas cosas que te he dicho siempre, que he sentido siempre, pero que pocas, últimamente he dicho o pensado.

Anoche en mitad de mi arrepentimiento, una mano me extendió un pañuelo de papel, esa mano pertenecía a una mujer. Era muy bonita esa mujer, tan bonita que te hubieses enamorado de ella en un par de segundos. Me dio el pañuelo y se alejó unos pasos, en silencio, respetando la lluvia de mis ojos, el dolor, mi dolor por el tiempo perdido sin ti.

Dejé de llorar y la observé, se trataba de otra dama de la noche. 1,65 de estatura, delgada, de fina piel blanca, de ojos claros, y el pelo liso y castaño, con los labios gruesos, esa clase de labios gruesos que tantas ganas siempre quise tener y que siempre quise besar. Era distinta a las demás damas de mi zona, una nueva competencia, y una muy buena competencia que podría robarme todos los clientes con una sola sonrisa. Una nueva leona en la sabana, la más bella.

Le dije con mi dedo de mi mano que se acercase a mí. Sin mediar palabra, pensaba acertadamente que en esa comunicación sobraban las palabras, sobraban todas las palabras que revolotean dentro de mi cabeza. Me miró, sintió curiosidad por mí, esbozó una leve y minúscula sonrisa. Una sonrisa que podría detener toda la destrucción del ser humano. Pero no se acercó.

Repetí el mismo juego, el mismo gesto con mi dedo de mi mano, su sonrisa minúscula creció un milímetro cuadrado. Pasaron 5 segundos y no se acercó. Decidí moverme yo, acercarme yo, me dolían mis tobillos, demasiadas noches portando tacones demasiado altos, pero me acerqué a la altura de su cara, acerqué mi cabeza a la suya, sentí su aliento, sentí su alma, sentí su deseo, y lo que es peor o mejor, sentí el deseo irrefrenable de besarla allí mismo, ya sabes que nunca he sentido esa necesidad de acercarme sexualmente a otra mujer, pero anoche, después de la bondad de su gesto para tapar mis lágrimas, algo de fuego, una pequeña chispa prendió dentro de mi ser.

Mi cabeza la balanceé alrededor de la suya, mis labios, mi boca, mi respiración repasó toda su cara, mi pecho rozaba el suyo, mis pezones se pusieron duros de puro deseo, quería besarla, violarla allí mismo. Ella cerró los ojos y sentí su deseo más fuerte que nunca, mi corazón se disparó a mil revoluciones por minutos, estaba excitadísima, como nunca lo había estado desde que hago lo que hago, pero contuve mis besos y decidí alejarme a mi posición inicial. Dejé pasar 10 segundos, dejé de mirarla, me hice la estúpida interesante.

La miré, ella ahora ya no sonreía, desperté la luz de su atención, volví a repetir el gesto de mi dedo con mi mano, esta vez la que se acercó fue ella, se acercó a escasos centímetros del perímetro de mi alma sexual, cerró los ojos y la besé como nunca había besado a nadie, en medio de la batalla de labios y dientes, deslicé mis manos por el terciopelo de su vestido de dama de noche, hasta agarrar su culo con fuerza... deseé ser un hombre para poder penetrarla allí mismo, en la sabana de la ciudad exiliada donde habito. Donde habita mi olvido.

Pero soy una mujer, una dama de noche que pasea su olvido por un sendero lleno de sombras y luces.

Después de ese beso, me alejé yo. Y la nueva dama se quedó esperando, rota, quizás por dentro, de saber que había sucedido para nacer ese deseo de esa forma.

Di un paso, dos, 100, llegué a casa. Abrí una botella de whisky de 100 años que me regaló un cliente la semana pasada. Le di un trago, y pensé: “este wkisky tendrá 100 años, pero sabe igual que el resto”.

Y hoy me he despertado temprano, pensando en ti, he recogido la casa, he sacado las maletas, he metido mis pertenencias, lo he preparado todo, para partir en tu búsqueda. He llenado la bañera de agua y sales de baño exóticas, y me he sumergido dentro. Ahora estoy a punto de ir contigo, en mi bañera de la vergüenza, tengo las cuchillas preparadas desde hace tantas noches, para irme de viaje hacia ese cielo en el que habitas.

No sé como serán el resto de suicidas, en lo que pensarán antes de partir, pero eso ahora, da igual, ya voy hacia esa estrella en la que estás, ya voy...

Esta noche cuando la luna ocupe el espacio muerto del cielo, mi zona habrá perdido mi sombra, pero la sabana no me echará de menos, una nueva leona ocupará mi lugar, mi reinado....

Me quedo sin fuerzas, el rojo lo inunda todo, no veo esa luz blanca al final del camino, ¿dónde está Dios? ¿En mis bragas? No está, no existe... pienso estar escribiendo hasta que la última gota de sangré me arranque este dolor de vida terrestre y pueril...

Tus ojos, los ojos de la nueva zorra, todo se nubla, como el amanecer de hoy, como el amanecer de ayer, como el amanecer del día en el que decidí irme de tu país, cuando tú ese día decidiste dejar de amanecer....

Rojo, no hay dolor, no hay luz, sólo hay rojo.......

A Germán, que sube por la escalera.

Sus ojos dicen más cosas que mil palabras envueltas en los labios de mil personas distintas.

Lo conocí por una mujer, quizás la única mujer que ha sido capaz de devolverme la esperanza de ser feliz, completamente.

Tenía un viaje a través de Europa para ir a verla, para hacerla reír, cual bufón sin chistera; y también para que ella hiciese lo propio con mi alma. A mí durante una época, no sé si linda o extraña o difusa, de mí se esperaban grandes predicados. Luego la distancia, la desidia, la fatiga, el olvido, la locura, la sed sedada arrasó mi esperanza, y muchos de mis verbos. Me quedé colgado de una luna equivocada, intentando hacer autostop para alcanzar mi estrella. Pero en esa autopista celestial, no pasó nadie durante décadas. Aprendí que el silencio, muchos silencios juntos son mucho mejor que muchos ruidos juntos o por separado.

Y en uno de esos momentos fragmentados, arrebatados a la algarabía, ella posó sus ojos en los míos, y me dijo “sube”, no hizo falta más. Subí.

Y ahora tiempo después, ella vive en el otro extremo de una Europa en crisis, y yo fui a verla. Como no, se encargó de hacerme soñar una vez más. Me organizó un bonito acto literario, al que yo sugerí añadir un bonito acto teatral. Al fin y al cabo el libro que quería presentar tiene más de teatro que de narrativa. Y ella, como buena sabia que es, aceptó el reto. Y localizó una pequeña librería, con un gran librero, donde representar una vez más el jolgorio de mil palabras esquivas.

Lo vi en seguida, a Germán, de alma limpia y de sabiduría infinita. Por edad casi podría ser mi padre, pero por alma, es más bien un hermano. Y allí, en su patio, en la antesala de una escalera llena de pequeños y grandes libros, surgieron las palabras, la empatía, los recuerdos, las disertaciones, la melodía, la camaradería, la comprensión… todo enmarcado en un patio lleno de ruedas que giran con el amor a la literatura.

Y ahora, que el silencio de nuevo envuelve mis días, en la resaca de un gran viaje, me quedo pensando absorto en los buenos momentos, tatuando con fuego cada segundo transcurrido.y entre ellos destaca su presencia.

Qué bueno, claro está, es la capacidad de descubrir bellas almas en almas bellas (no se trata de un juego de palabras y ni de un recurso poético) o qué bueno tal vez sí, nunca jamás estuvo tan justificado… nunca.

Si vuelvo, eso espero, volveré a su lado. A garlar, a aprender, a saber y a alimentar una amistad.

Bajo la escalera de los sueños, adornada de mil palabras, con los ojos enjutados de mil autores destronados… sobre la escalera de palabras construidas, un gran hombre espera tu visita…

Una del futuro, 8


En el presente…

“Después de descubrir la vacuna contra la muerte, hubo un lío inmenso en la sociedad de aquellos años, todo el mundo quería la vacuna, pero no todo era tan sencillo, aunque se había creado para todo el mundo, no todos debían recibirla al mismo tiempo.

Por ejemplo, ¿un niño debía recibir la vacuna antimuerte?

Y lo que es más importante, ¿en que consistía la vacuna, qué efectos o defectos tenía? Sencillamente paralizaba el envejecimiento en el momento de recibirla, así que si a un niño se le administraba la vacuna, nunca envejecería y siempre sería un niño. Del mismo modo que yo siempre tendría la misma apariencia del momento en el que se me inyectó la vacuna.

Con lo cual si un niño se quedaba paralizado a los 10 años, nunca alcanzaría la pubertad, físicamente aunque su mente si creciese y evolucionase.

Hubo un follón enorme sobre la propiedad de original de la patente de la vacuna, hubo tanto follón que estalló una guerra que acabó con todo”…

Esto es una nota que he encontrado perdida en mi ordenador, la escribí hace 60 años. Siempre he querido escribir que fue lo que ocurrió, pero nunca he conseguido encontrar la energía necesaria, y la disciplina, escribir requiere de disciplina, energía y talento. Éste es innato de cada uno, pero los otros dos valores de la ecuación, los puede desarrollar cualquiera.

Así que aunque no tenga talento, podría tener las otras cualidades para hacerlo, escribir.

Pero tampoco debo tener de ellas nada. 60 años para escribir medio folio.

Ahora lo voy a conseguir, lo voy a completar, será mi hazaña, y mi regalo para la posteridad. Aunque si dentro de un millón de años sigo vivo, ¿qué sentido tiene dejar algo escrito para la posteridad? Ninguno Peter, ninguno.

Queda un día para llegar al punto de encuentro de la baliza de emergencia, hemos confirmado que se trata de la nave nodriza en la que está Gigi. Ha sido ella, no tengo ninguna duda, pueden haber pasado un millón de anocheceres, pero lo sé. La conozco, talento puro, nunca vi otro igual.

Es curioso porque ella tiene talento, y energía y disciplina, y podría escribir mucho mejor que yo esta historia. Pero si lo hace ella, ¿qué hago yo el resto de la eternidad?

La guerra empezó porque EEUU se negaba a darles la vacuna a los países árabes. ¿quién lanzó la primera bomba? Por supuesto EEUU. Irán contestó inmediatamente, y después Rusia, y Japón y Alemania… bombas de setas por todos los lados, radioactividad mezclada con olor a muerte. Desintegración de la humanidad.

Las personas evacuadas de las naves nodrizas habían sido elegidas muy cuidadosamente, por su inteligencia, o por sus aptitudes físicas, o por su sentido del humor, o por su sabiduría popular. Cuando digo que fueron elegidas muy cuidadosamente, me refiero a que el gobierno de EEUU las había elegido personalmente.

Fue una masacre. Millones y millones de personas murieron en apenas 3 días. Y los que quedaron, no sobrepasaron la semana de vida. Pero no sólo la humanidad, había terminado, el mundo entero había terminado, la vida sobre el planeta tierra. Incluso las gotas de ámbar como las llamaba Gigi habían sido exterminadas. Devastando la vida vegetal, animal, de la tierra y el mar.

Una del futuro, 7


Dos días antes de nuestra última comunicación vía skype, cada uno en su nave nodriza.

GIGI: según mis cálculos, dejaremos de poder hablar en menos de 48 horas.
PETER: he estado hablando con uno de los informáticos de nuestra nave, y me ha dicho que podría existir una forma de conseguir comunicarnos durante más tiempo.
GIGI: se equivoca.
PETER: ¿estás segura?
GIGI: sí, nunca me he equivocado en un cálculo.
PETER: lo sé.
GIGI: sé que lo sabes.
PETER: 48 horas.
GIGI: quizás 47.
PETER: ¿esto es el fin?
GIGI: puede.
PETER: nuestro fin.
GIGI: puede.
PETER: nunca me imaginé nuestro fin.
GIGI: todo acaba.
PETER: no, todo no.
GIGI: casi todo.

Silencio, cada uno frente a una pantalla de un ordenador.

GIGI: prométeme una cosa
PETER: ¿qué cosa?
GIGI: que buscarás a alguien en esa nave y le harás tan feliz como me lo has hecho a mí.
PETER: lo veo improbable.
GIGI: prométemelo.
PETER: te lo prometo.
GIGI: ahora prométemelo sin cruzar los dedos.
PETER: ¿cómo sabes qué…?
GIGI: te conozco.
PETER: no sé si voy a poder prometerte eso.
GIGI: lo harás, Peter, es el fin.
PETER: ¿y tú?
GIGI: ¿yo?
PETER: prométeme que encontrarás a alguien en esa nave
GIGI: te lo prometo.
PETER: para ti es fácil, eres guapa, y hermosa y dulce, y especial, seguro que te nombran miss nave nodriza este y todos los años venideros.
GIGI: ¿me tengo que reír?
PETER: no.

Silencio. Se miran.

GIGI: no sé si nos volveremos a ver nunca.
PETER: dime que sí, si me dices que sí, te esperaré.
GIGI: no me puedes esperar.
PETER: lo haré.
GIGI: sé que lo harías, pero no debes hacerlo.
PETER: ¿tú no me esperarías?
GIGI: claro.
PETER: entonces…
GIGI: entonces nada…
PETER: te esperaré de todas formas.
GIGI: no.

Silencio.

PETER: ¿qué duro?
GIGI: sí.

Silencio.

PETER: anoche soñé que todo era una sueño, que estábamos en casa, y me despertaba y estabas ahí dormida a mi lado, y yo me dedicaba a mirarte, a darte pequeños besos por tu piel, hasta que te despertaste y luego hicimos el amor. Cuando me desperté, quería cortarme las venas.
GIGI: por eso no me puedes esperar, ni yo a ti. Está en juego nuestra salud mental.
PETER: nunca tuve salud mental.
GIGI: lo sé.
PETER: y digo yo, ¿no podrías inventar una máquina del tiempo para volver a tras y detener la guerra?
GIGI: no.
PETER: pero has acabado con la muerte, viajar en el tiempo tiene que estar chupado para ti.
GIGI: no.

Estaba de broma, claro, ese era mi sentido del humor entonces, imaginar imposibles para gentes posibles. Ese era yo, 48 horas, contrarreloj contra el olvido. La espera que desespera, la desesperación que aniquila la posibilidad de cualquier esperanza. Los dos mirándonos en silencio, en la pantalla del skype. Pasó 2 minutos Gigi sonrió y dijo:

GIGI: encontraré un mundo, aunque me cueste mil años, encontraré un mundo.
PETER: gracias, es lo que necesitaba escuchar.

Una del futuro, 6


Gigi es, ha sido y será la mujer de mis sueños. Textual y literalmente... Mi musa, mi cielo, mi amanecer y también mi anochecer.

Cuando ella reía,  la estancia en la que estuviésemos, brillaba como una súpernova recién nacida.  A su lado, las palabras fluían, las palabras, mis palabras, sus palabras, las emociones, las ocurrencias, las llaves de la imaginación en tus manos y un campo lleno de girasoles delante de ti, para sentirte avispa o para sentirte gota de rocío sobre el pétalo o para sentirte libre y correr por medio de ese campo, y para saltar y volar suave y dulcemente…

A su lado jugaba, a su lado era yo. Y a mi lado, ella  sencillamente era ella.

Esto que acabo de escribir parece una tontería, una obviedad, pero no lo es. Todos somos actores, actuamos ante las distintas circunstancias de la vida, optamos por una u otra opción, descartando por conveniencia, o por interés, o por amor, y nos decantamos ante una posibilidad, simplemente por egoísmo, esa clase de egoísmo, que te hace sentir mejor de lo que eres. Como si bebiendo de esa pócima, pudieses sentirte parte de un todo mayúsculo, y fueses el capitán de dicho ejército de sentimientos y emociones. A su lado, yo, era súperyo. El súperyo de Freud. Todos somos actores, éramos actores ante las disposiciones de la vida, ante las reglas sociales bien aceptadas moralmente. Olvidando en un rincón las necesidades de expresar la realidad que habitaba en nuestros corazones y en nuestras mentes. Ante Gigi, me di cuenta que no tenía la estúpida necesidad de actuar, sólo tenía la necesidad de no actuar, y reflejar mi yo interior para conseguir lograr una comunicación pura…

Era imposible no amarla. Dulce, educada, inmensamente bella, ingeniosa, un coeficiente de 256, médico con 21 años, sensible hasta la extenuación, imaginativa y soñadora, divertida, inteligente, generosa, delgada, estilizada, su piel de seda, su tacto de Diosa... creo que cualquier persona que la hubiese conocido, la habría amado, se habría enamorado de ella. Por suerte, tuve la bendita suerte, que se enamorase de mí. Me sentía afortunado. Más que el ganador de cualquier premio de lotería, premio de reconocimiento laboral o personal, más que aquel que sufre como un perro moribundo a las puertas de la muerte y es rescatado y salvado y sanado para siempre.

Cuando la conocí, yo escribía, pequeños relatos, diálogos, lo hacía porque tenía mucho tiempo libre, tantas horas delante del ordenador, buscando información, alimentando mi imaginación de datos, que luego simplemente nacían entremezclados en pequeñas historias y relatos.

A su lado, mi calidad literaria mejoró en cantidad y calidad. Gigi irradiaba vida, pura y cristalina... Y además complementaba mis carencias, yo no sabía venderme, para mí no era más que un hobby, escribía por escribir, por jugar, por bailar con las palabras un rato, por reír y también por llorar, escribía porque sí, porque sencillamente no me costaba enfrentarme a un folio en blanco... pero para Gigi, lo que yo hacía, mejoraba la existencia humana, la hacía más digna de existir, y pensaba que lo que ella leía de mí, merecía ser leído por toda la humanidad.

Gigi impulsaba las neuronas, las mías, para que la excitación que me provocaba la llegada de nuevas historias, pudiese surgir en cualquier momento...

Era una droga, mi droga, la mejor droga.

A su lado me sentía Samuel Beckett, me sentía Dios... Consiguió que me publicasen una novela, que tuvo excelentes críticas y apenas repercusión en la sociedad. Eran tiempos extraños, de desintegración de la moral humana, ya no éramos simples humanos jugando a ser Dios, nos estábamos convirtiendo en auténticos creadores de vida artificial, en supermáquinas, en seres que dejaban de lado sus cotidianos sueños humanos. Sueños que tenían que ver con mejorar la vida con una simple sonrisa…  Las personas no querían leer mis historias, eran retorcidas, absurdas, con chistes fáciles y juegos de palabras, miles de juegos. Cabe la posibilidad que realmente yo careciese de cualquier talento para escribir y emocionar, o sólo con el talento de emocionar a Gigi. Sea cual sea el motivo, no triunfé como escritor, y no fue una decepción, la decepción sólo pertenece a quien no lo intenta y yo lo intenté. Creo que a Gigi le afectó más que a mí. Creía tanto en mí, tanto!! Que se enfadaba… yo le explicaba que mi oficio no era el de escritor, que mi oficio, era que ella, y personas como ella consiguieran sus objetivos, era un coach, un personal trainer, un idiota que era capaz de estimular las neuronas de los demás, para que estos diesen lo mejor de sí mismos. Y era bueno. Conseguí que Gigi detuviese a la muerte.

Todos estos pensamientos, me llegan mientras recorro mi nave nodriza hasta el puesto de mando, dónde me han citado para iniciar el protocolo activado por la señal de emergencia de la baliza. Las naves nodrizas son enormes. Son todas iguales y tienen el mismo diseño.

Desde un extremo al otro hay casi 10 kms, y la altura es de 4 kms, hay diferentes niveles y subniveles, o sea, que estamos hablando de una nave gigante, que se construyó en gran parte en el espacio, y se fue ensamblando muy despacio.

Son naves autosuficientes, con jardines, y huertos y animales. Esta es mi explicación científica, así de rudimentaria, pero es que yo nunca lo he sido científico, y nunca me ha interesado ese tipo de lenguaje en el cual uno habla y los demás asienten con la cabeza, como si entendiesen pero en realidad no entienden, y tienen miedo a quedar como patanes, o ignorantes o lo que sea. Yo no, no tengo esos miedos.

A pesar de los huertos y los animales, los humanos, no comemos animales y verduras, ni frutas. Cada mañana desayunamos una cápsula, de un centímetro y ese es el único alimento que ingerimos. Pura química. Hecho de menos la comida de verdad, creo, no lo sé, hace tanto tiempo que no ingiero alimentos reales, que apenas si recuerdo el sabor de las cosas.

Las verduras que plantamos en la nave son el alimento de animales herbívoros. Los putos ciervos comen mejor que yo. Estoy casi por disfrazarme de ciervo y esperan mi ración triple de verduras frescas. ¿Pero de dónde saco yo un disfraz de ciervo? Además me haría falta un compinche para disfrazarme de tal cosa, y no me encuentro últimamente muy sociable. Por últimamente me refiero a los últimos 150 años.

En la nave hay una enorme depósito de agua. Pero tampoco es un agua que nosotros bebamos. No. Como todos los astronautas de la historia, bebemos nuestro propio pipí, depurado, claro está, pero nuestro propio pipí. Hecho de menos el sabor y el aroma de un buen vino. De eso sí que me acuerdo. También está completamente prohibido fumar, toda la nave es una zona libre de humos. Si me viese Gigi no me reconocería. 150 años sin fumarme un pitillo. Estaría orgullosa de mí.

Para movernos por dentro de la nave, teniendo en cuenta la dimensión de la misma. Nos movemos en ligeras bicicletas. Es lo más agradable de la estancia en este lugar, ni un solo coche, autobús, ruido inútil y contaminación innecesaria. Sólo personas que pedalean y sonríen y son amables.

Y todos estos pensamientos, todos, me llegan mientras pedaleo hacia el puesto de control, mientras la baliza de emergencia suena y suena y suena…. La gente está excitada, la gente está sorprendida. Es bueno que el género humano se excite, llevamos 150 años sin una erección mental, y es tan necesario que tengamos erecciones mentales, y de las otras también, claro. Pero no tengo que distraerme, llego al puesto de control. La señal de baliza. La fuente de la señal de emergencia de baliza se encuentra a tan solo 15 días terrestres, en una galaxia muy cercana, y enana. 15 días terrestres a través de un agujero de gusano. Puede ser divertido, viajar a esa velocidad durante 15 días.

Ha sido Gigi, estoy seguro que ha sido Gigi, no puede haber sido otra persona.


Una del futuro, 5

 El sistema de muerte programada fue una idea mía, si Gigi consiguió eliminar a la muerte de nuestro ADN, yo conseguí lo contrario, ¿quién podía querer vivir para siempre? Mil años, un millón de años, un billón de años….  Desde pequeño me enseñaron que todo ciclo vital se componía de “naces, creces, te reproduces y mueres…”

En el año 2018, Gigi y yo discutíamos sobre dicho eslogan.

GIGI: naces, creces, te reproduces y mueres.
PETER: exacto. Es el ciclo de la vida.
GIGI: la muerte no es vida, es ausencia de vida.
PETER: no, la muerte es una cosa vital para la vida, sin muerte, todo lo demás carece de sentido.
GIGI: ¿o sea que trabajas en un proyecto que en el fondo deseas que fracase?
PETER:
GIGI: guay, quieres que fracase.
PETER: tú no fracasarás jamás. Puedes llegar a hacer lo que quieras, es más, sé que lo vas a lograr.
GIGI: jajajaja…
PETER: no te rías, lo veo en tus ojos.
GIGI: cuando dices esas cosas, que ves en los ojos de la gente las posibilidades que tienen de fracasar o de triunfar o su posible talento, pareces un poco loco.
PETER:  puede que lo esté. Yo no elegí poder ver esas cosas.
GIGI: de eso se trata, de poder elegir.
PETER: exacto, yo quiero poder elegir morir.
GIGI: ¿eliges morir antes de estar conmigo toda la eternidad?
PETER: no… claro que no, elijo estar contigo. Pero no todo el mundo puede estar contigo, no todo el mundo puede tener la misma ilusión de una inmortalidad compartida.
GIGI: ¿quieres que todo el mundo esté conmigo?
PETER: yo no he dicho eso.
GIGI: ¿qué es lo que has dicho?
PETER: naces, creces, te reproduces y mueres.
GIGI: suena a un anuncio de la tele.
PETER: lo es, lo era… cuando era pequeño, anunciaban en la televisión un producto para aniquilar cucarachas, el slogan era que nacían, crecían, se reproduzcan y finalmente morían…
GIGI: ¿de muerte natural?
PETER: ¿cómo?
GIGI: si morían de muerte natural o de muerte asistida gracias a un aniquilador total de cucarachas…
PETER: las cucarachas son una plaga…
GIGI: las cucarachas son unos seres increíbles, son gotas de ámbar con diminutas patitas.
PETER: ¿gotas de ámbar?
GIGI: ¿sí?
PETER: son el único bicho que sobreviviría a una catástrofe nuclear.
GIGI: eso significa que son inmortales… y que tu spot carece de fundamentos reales.
PETER: Gigi.
GIGI: dime Peter.

Estábamos haciendo el amor, y hablando sobre el ámbar con patitas diminutas., completamente desnudos, con mi miembro dentro de ella.

PETER: ¿crees que la gente hablará de estas cosas cuando hacen el amor?

Gigi sonrió. Nos besamos. Y seguimos en silencio, el resto del acto, estrujándonos el uno contra el otro. Al terminar Gigi se metió en el baño y salió a los 5 minutos.

GIGI: me has dado una idea.
PETER: ¿yo?
GIGI:  sí, tú.
PETER: ¿cuál?
GIGI: creo que mañana cuando amanezca voy a empezar de nuevo, todo el proceso de Antídoto Muerte IX, pero esta vez, voy a partir de las cucarachas.

Silencio, lo decía en serio, completamente en serio.

PETER: tú también me has dado una idea.
GIGI: ¿yo? ¿cuál?
PETER: muerte asistida, voy a desarrollar un protocolo por el cual si alguien no desea vivir eternamente pueda elegir su muerte.
GIGI: eres mi peor enemigo.
PETER: ya sabes, polos opuestos se atraen.
GIGI: te odio.
PETER: y yo.
GIGI: tienes suerte que también te ame.
PETER: de eso sí que tengo suerte.

Silencio.

GIGI: en el fondo no te odio.
PETER: lo sé.
GIGI: ¿lo ves en mis ojos?
PETER: sí.
GIGI: podrías utilizar tus súper poderes para hacerte rico.
PETER: podría…
GIGI: pero no lo vas a hacer.
PETER: no, no lo voy a hacer.

A la mañana siguiente, Gigi, empezó de nuevo todo el proyecto de Antídoto Muerte IX, y gracias a las gotas ámbar con patitas diminutas logró su objetivo. Por mi parte a la mañana siguiente empecé a desarrollar el borrador “quiero morir, lo voy a hacer I”. También lo conseguí terminar.

Y ahora, me siento cual cucaracha en una nave espacial, no hablo con nadie, nadie sabe apenas que existo, 50 personas ignorando mi presencia, mi presencia ignorando a 50 mil personas.

Espera, suena, una alarma, ¿qué coño es eso? Un zumbido repetitivo, es la baliza de emergencia. Es la baliza de emergencia, es la baliza de emergencia. ES LA BALIZA DE EMERGENCIA.

Una del espacio, 4


Lo que pasó con los 8 grupos anteriores a Antídoto MuerteIX, fue lo que siempre pasa, al principio parecía que había dado con las personas adecuadas, con los cerebros adecuados, pero luego…

En el capítulo 1 dije que la Tierra nos expulsó de su corteza terrestre como se expulsa al recién nacido de las entrañas de su madre. Aunque eso no fue exactamente así. Dos años después de lanzar la vacuna antimuerte. Hubo una guerra mundial, la última gran guerra mundial, apenas duró 5 días, fue una guerra total, una guerra nuclear. Para entonces los proyectos de nombres absurdos de la NASA, como “hasta el infinito y más allá”, habían desarrollado naves nodrizas autosuficientes con capacidad para 50 mil personas,para la evacuación de la población, aunque el objetivo no era evacuar a la población terrestre, sino la conquista del espacio exterior.

Después de que estallase la guerra, 2 días después las naves despegaron y nos alejamos para siempre de nuestro planeta. La vida humana no iba a sobrevivir en aquellas condiciones de radioactividad. Cuando estalló la guerra, Gigi estaba en Indonesia y yo en Serbia, no pudimos ni tuvimos tiempo de decirnos adiós, físicamente,  ni tuvimos ocasión de elegir subirnos a la misma nave. La NASA, decidió que cada nave tendría que explorar un espacio distinto y alejado, y que si alguna de las naves, encontraba un planeta que pudiésemos habitar, emitiría una baliza-señal de emergencia que nos pondría en contacto con el resto para que los demás,fuesen al lugar de encuentro. Durante las primeras semanas, tuvimos contacto con todas la naves, la señal de radio funcionaba, pero a medida que nos fuimos alejando y esparciendo, la señal se debilitó, y finalmente desapareció. Sólo quedaba la baliza de emergencia.

La mañana que estalló la guerra, el cielo dejó de ser azul, y se volvió gris. Siempre recordaré esa mañana del final del mundo, bueno, siempre la he recordado. Espero que tras mi muerte, dejar de recordarla, dejar de recordarlo todo.

Actualmente estamos cerca de la galaxia Abell 1835 IR1916. Se encuentra detrás del cúmulo Abell 1835, en la constelación de Virgo. Se descubrió en el año 2.007, y está a 13.200 millones de años luz de la Tierra. Desde entonces no hemos encontrado ningún planeta habitable, ni nosotros ni el resto de naves nodrizas.

Lo que pasó con los 8 grupos anteriores, fue que la NASA decidió finalizar los contratos de las personas empleadas, aunque decir  que “decidió finalizar los contratos” sea la expresión más suave que se me ha ocurrido para definir lo que exactamente pasó.

Última conversación con Gigi, año 2025.

GIGI: te echo de menos.
PETER: ohhh, es la primera vez que me lo dices en años. De hecho creo que es la primera vez que me lo dices.
GIGI:  siempre tiene que existir una primera vez para ciertas cosas.
PETER: sí.
GIGI: te veo muy pixelado, la señal es débil.
PETER: claro. Y cada vez será más débil, hasta que desaparezca.
GIGI: lo vamos a lograr.
PETER: ¿encontrar otro planeta? o ¿encontrar puntos de wifi en Saturno para poder conectarnos y seguir hablando por skipe?
GIGI: ¡qué idiota eres!
PETER: lo soy, ya lo sabías cuando me compraste, venía en mi etiqueta de chico ingenioso.
GIGI: eres mi idiota.
PETER: sí, soy tu idiota.
GIGI: siempre quise tener uno.
PETER: escucha Gigi. Esto es el fin.
GIGI: no.
PETER: sí, es imposible una vuelta atrás.
GIGI: lo sé.
PETER: es imposible que esto… joder, me encantaría estar en la Tierra, cuando estalló la guerra, que lejos me parecía entonces Serbia de Indonesia, y qué cerca me parece ahora.

Interferencias….

GIGI: no te escucho bien.
PETER: Gigi.
GIGI: ¿sí? Peter…
PETER: ¿Gigi?
GIGI: ¿Peter?
PETER: te quiero Gigi, te quiero…
GIGI: Peter no te veo…

Más interferencias….

PETER: te quiero.
GIGI: ¡¡¡¡Peter!!!!! Lo lograré, lo lograré, encontraré un mundo para poder vivir en él, y lo haré por ti…

La pantalla se quedó en negro, perdimos la señal.  Todos los días desde entonces, 125 años, cada mañana he encendido el skipe, y nunca más ha aparecido una señal deGigi.

Al principio tenía esperanzas, que sé yo, de encontrar un nuevo planeta, había algunos planetas que eran posibles candidatos a albergar la especie humana, pensaba que en 4 ó 5 años, podríamos habitar algunos de esos planetas, pero ninguno tenía las condiciones necesarias para soportar la vida humana. Las naves nodrizas tenían un sistema de propulsión nuclear, tócate los cojones, capaces de crear agujeros de gusano a través de los cuales poder viajar a una velocidad paranormal, de forma que si una nave se encontraba a un billón de años luz de la baliza de emergencia, pudiese llegar en apenas 10 años terrestres, pero esa baliza y esa velocidad haría que la nave quedase inservible para continuar viajando por el espacio.

Al principio tenía esperanzas de volverla a ver, de abrazarla, de besarla, de hacerla reír, de recorrer con mis dedos su cuerpo desnudo…

Año 2015. Segundo aniversario en la playa.

PETER: ¿te imaginas que un día lo lográis?
GIGI: ¿me imagino?
PETER: sí.
GIGI: no me lo imagino, sé que vamos a lograrlo.
PETER: jajajjaja…
GIGI: ¿de qué te ríes?
PETER: de tu seguridad, eres la persona más cabezota que he conocido nunca.
GIGI: ohhh.. sin lugar a dudas es el mejor piropo que me has dicho desde que nos conocemos, ¡¡¡cómo sabes lo que nos gusta escuchar a las mujeres!!!!
PETER: jajajjajaj…
GIGI: lo vamos a lograr Peter. He encontrado una enzima enla cadena del ADN, simplemente tengo que abrirla y ver que es lo que produce su envejecimiento, cuando lo consiga, tendré la vacuna.
PETER: ¿así de sencillo?
GIGI: así de sencillo, no, ¿de verdad quieres que te dé toda la explicación científica, una explicación de la cual sólo entiendas la primera frase?
PETER: gracias, jajajjaja… por adaptarte a mi ignorancia.
GIGI: de nada, es sumamente fácil.
PETER: ohhh, ¿soy un chico fácil?
GIGI: hombre.
PETER: ¿cómo?
GIGI: ya no eres un chico, eres un hombre, tienes 39 años.
PETER: cierto.
GIGI: cuando lo logre, ya no envejecerás más!!!
PETER: y no me quedaré calvo.
GIGI: tú no te vas a quedar calvo, ni aunque no encuentre la forma de abrir  la dichosa enzima…
PETER: bufff.. es todo un alivio.
GIGI: te quiero Peter.
PETER: y yo Gigi.
GIGI: lo sé, me lo dices todos los días.
PETER: ¿te molesta que te lo diga?
GIGI: no, pero no hace falta que me lo digas siempre.
PETER: te lo digo porque tengo miedo a que lo olvides.
GIGI: ajjajajaj… puedo ser muy despistada, pero créeme, eso no se olvida.
PETER: cásate conmigo.
GIGI: no.
PETER: joder, ni siquiera te lo has pensado un segundo.
GIGI: ¿quieres que me case contigo?
PETER: sí.
GIGI: y qué pasa si encuentro la forma de abrir  la enzima, y consigo detener a la muerte, el discurso del cura, “hasta que la muerte os separe, dejaría de tener sentido”.
PETER: no me casaría contigo por ningún rito religioso.
GIGI: eso es más tranquilizador, aunque mi respuesta sigue siendo la misma.
PETER: no se puede enjaular a los pájaros.
GIGI: ¿qué clase de pájaro soy? Casi es peor llamarme pájaro, que cabezota.
PETER: jajajjajaja…
GIGI: ¿qué clase de pájaro soy?
PETER: un águila imperial.
GIGI: wow… ¿y tú?
PETER: yo no soy ningún pájaro, soy un lobo.
GIGI: jajajjajajajaj… ¿un lobo?
PETER: sí.
GIGI: jajjajaja, para mí eres más bien un bichón maltés.
PETER: jajjajajajja…


Año 2150, quedan 10 días para mi muerte programada.

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